Si puedes rellenar un implacable minuto

Si puedes rellenar un implacable minuto con sesenta segundos de combate bravío, tuya es la tierra y sus codiciados frutos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Viejos fantasmas.

Hoy el día reconozco que ha sido amplio y largo en enseñanzas. A veces, cuando sales por la Cuesta de San Vicente, las ajenas cuchilladas mucho te enseñan.
O las viejas cicatrices de Fleurus, que de nuevo supuran, pese a que hayan pasado al menos, cuatro años, y ya tengas bajo tu coleto y tu jubón, más cuchilladas que sablazos da un hostelero fullero.
Te acuerdas entonces, y comprendes el sentido de viejas lecturas que te han acompañado durante tus años de derrota, cuando dice alguna de ellas " Y entendió entonces lo que significaban sus silencios" Al final  te das cuenta de que la vida no es el cuento de Peter Pan, en el que James Garfio acaba tragado por el enorme cocodrilo. Al final, las más de las veces, los tragados son los buenos. Como Diego Alatriste en Rocroi, muriendo por un rey ajeno, infame, putón y chabacano.
Pero qué carajo. Eres español. Y no puedes rendirte. La rendición no entra, ni debe entrar nunca en tu vocabulario, salvo que sea ante una mujer de ojos castaños, pelo lacio hasta los hombros y con la sonrisa más hermosa que has visto en tu peñetera vida.Por la que sin duda, merecería la pena condenar tu alma en el Averno. Pues ya lo dice Pérez-Reverte, " no hay lance que el diablo no aproveche, si hay mujer hermosa de por medio"
Y cierto que es. Pues ante ésas, hasta el más inteligente varón, hasta el mejor Ulises, habria naufragado. Y a veces, no es necesario ni tan siquiera que te dé un beso. Basta con que te mire. Basta incluso, que te invite a un vino Muga.
Es entonces cuando empiezas a entender, a tus 28 años, con canas en la barba y más de nueve mil millas de navegación a tus espaldas, lo que significa la mierda y el barro de Flandes. Porque, quiéraslo o no, todo eso es más limpio, más llano que exponerse a las flechas con las que el hideputa de Cupido, ahíto de vino, te lanza. Y siempre, siempre, acierta el hereje. Antes -suena a fanfarronería, mas no lo es- prefieres enfrentarte a una carga tras otra de los gabachos sobre Rocroi o los herejes holandeses sobre Bredá, que a una sóla mirada acusadora, enfadada y turbia por las lágrimas, de la mujer que amas. Lo otro -la carga de los herejes- te ayuda a bien morir, como español, pica en alto, blasfemando o rezando en buen castellano, ya sea de Haro o de Granada.
Lo otro, te muestra, pardiez, que hasta al más tonto cuecen habas, que nunca hay diez justos en Sodoma, Gomorra, Bagdag o Madrid. Si eres capaz de traicionar a una mujer, si eres capaz de a áquella a quien te ama, clavarle un puñal en el corazón, retorcerlo sobre él y aún así sonreír, es que mucha humanidad has perdido por el camino. Y lo lamentas. Vaya que sí. Todos los días. A cada hora.
Pero cualquier momento, como en las comedias del buen Lope, eres capaz de levantarte sobre tus errores, sobre tus flaquezas. Y ser lo que siempre has querido ser, húndase o no se hunda con ello, Roma con Santiago.
Porque al final, somos lo que somos porque antes, fuimos lo que fuimos. Y por mal que lo hagas, siempre alguien podrá decir: " Contad los muertos". Tú, entre ellos.